Este río, símbolo de Madrid, nace en la sierra de Guadarrama y muere en la desembocadura del Jarama.
Recorre 92 Kilómetros, una gran distancia para un caudal de apenas 15-20m3/s. Para entenderlo, sin salir de España, podemos compararlo con otro gran río, el Tajo, dónde el caudal alcanza en su curso desde Trillo (Guadalajara) a Lisboa, los 18,76m3/s hasta los 444m3/s al desembocar en el Atlántico.
El paso del Manzanares por la capital, lo ha convertido en un río simbólico a lo largo de la historia. Aunque su simbolismo, en la literatura se ha convertido en lo que hoy día se podría considerar un “meme” para los escritores del Siglo de Oro.
Escritores del siglo de oro cómo Góngora, Quevedo y Tirso de Molina entre muchos otros, participaron de la chanza castiza en torno a su escaso caudal o sus hiperbólicos puentes con un tamaño desproporcionado para el poco alcance de sus aguas.
Lope, aconsejaba para el antiguo Puente de Toledo “la venta de puente para comprar agua”. Y sin quedarse corto en humor prosigue su ingenio:
“Quítenme aquesta puente que me mata,
señores regidores de la villa:
miren que me he quebrado una costilla
que, aunque me viene grande, me maltrata”.
Pero es que, sobre la poca agua que discurre, su prosa mejora en su obra La Villana de Getafe, una comedia que representa la condición social que se vivía en la España barroca :
“Nace de pequeña fuente
el humilde Manzanares,
llega el verano sediento,
las secas arenas lame.
Tal yo, de humildes principios
quise el cielo levantarme
de un caballero que tiene
los suyos tan desiguales…
pero en vano corre el que sin dicha nace”.
No se corta en criticar puentes, y añade sobre el puente de Segovia construido entre 1582-1584:
“Y aunque un arroyo sin brío
os lava el pie diligente,
tenéis un hermoso puente
con esperanzas de río”
Góngora tampoco se quedó atrás, y sobre el puente de Segovia comentaba:
“Duélete de esta puente, Manzanares;
mira que dice por ahí la gente
que no eres río para media fuente,
y que ella es puente para treinta mares (…)”.
Sátira que continúa sobre el Manzanares y que vale la pena conocer, también se lee en sus siguientes versos:
“Enano sois de una puente,
que pudierais ser marido,
si al besalla en los tres ojos
la llegareis al tobillo.
Al tobillo, mucho dije:
a la planta apenas digo,
y eso no siempre, descuida,
porque calzada ha vivido”
Hasta el mismísimo Cervantes contemplaba sobre el puente de Segovia, en su obra La Gitanilla: “Cómo el humilde Manzanares ha podido producir una maravilla tal?”.
Tampoco quiso quedarse atrás Tirso de Molina, que mofa el río, el puente de Segovia y el monarca, y del que podemos rescatar de un poema muy largo los siguientes fragmentos:
“Título de venerable
Merecéis, aunque pequeño,
pues no es bien, viéndoos tan calvo,
que os perdamos el respeto.
Cómo Alcalá y Salamanca
tenéis, y no sois colegio,
vacaciones en verano
y curso solo en invierno.
(…)
Filipo os quiso hacer grande
después de haberos cubierto
delante de él con la puente,
del mismo os puso el sombrero
(…)
Ánimo, cobarde río,
quebrantad vuestro destierro:
y pues rondáis a Palacio,
entraos una noche dentro.
Fuente tenéis que imitar,
que han ganado con sus cuerpos,
como damas cortesanas,
sitios en Madrid soberbios.
(…)”.
Es conocida también, la referencia del diplomático y embajador Rodolfo II de Austria que participaba de la guasa añadiendo “El Manzanares es el mejor río del mundo, pues es navegable a caballo”. Pero incluso Baltasar Gracián quiso aportar su talento en esta escena comentando que “estaba esperando acabase de correr el río para poder pasar sin mojarse”.
Algo más tarde, en la Edad de Plata de la literatura española, Ramón Gómez de la Serna añade, que no es poco “ (…) El “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, es el morir”, no se nos puede ocurrir frente al Manzanares, que parece que se queda en vida y que es inverosímil que vaya a parar al mar, remolón, lento, de vida muy larga, siendo sus últimas aguas esas que se quedan quietas y estáticas en la desembocadura del Tajo (…)”.
La próxima vez que el lector cruce estos monumentos, bien puede recordar a Lope, Tirso, o a Góngora y comprender sus palabras si se asoma, poque habrá de asomarse, para ver el río. Un sinfín de mofas, a las que sólo se puede añadir, con una calidad inferior al humor de estos grandes escritores “Manzanares, yo me río”.