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23 Jul 2024
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Heracles en el Cáucaso

Heracles personificaba a un héroe cultural local y popular en las dos iberias, nuestra España y la del Cáucaso, ahora conocida como Georgia

Hagamos una pausa en los trabajos de nuestro héroe para hablar de un tema fantástico: su dominio de un espacio geográfico irreal y flexible, el del mito, donde aparece como el héroe que cruza los mundos y las fronteras entre los mundos.  Los caminos míticos entre las dos Iberias –la de Oriente, en el Cáucaso, y la de Occidente, en la España antigua– , son ricos en objetos de oro, asociados, como hemos visto, a las puertas del más allá y a mujeres guardianas, así como a monstruos serpentiformes femeninos, pero también a un mundo donde la posesión de rebaños es el principal tesoro.

Estos motivos están estrechamente interconectados. La geografía de ambas Iberias parece a menudo casi intercambiable. En las hazañas comparativas de Hércules se fusionan a la perfección los motivos míticos de la Península Ibérica y de la región del Mar Negro,  con viajes de ida y vuelta y referencias a mitos anteriores. Hay que recordar tres acciones clave de Heracles en torno al Mar Negro. La primera, por supuesto, es su participación en el viaje de los Argonautas. Es uno de los héroes reclutados en la nómina de personajes con poderes sobrehumanos que reúne Jasón para buscar el mágico tesoro que simboliza la realeza sobrenatural, el vellocino de oro. Lo que ocurre es que, en una de las paradas de la nave Argo a orillas del Ponto, Heracles se pierde en pos de su sobrino o amado Hilas, desaparecido misteriosamente (quizá no era conveniente para el ciclo de Jasón que Heracles le hiciera sombra).  En segundo lugar, por supuesto, el trabajo de la búsqueda del ceñidor o cinturón tachonado de oro que Ares regaló a Hipólita, la reina de las Amazonas, que vivían en el Cáucaso.

Y, por último, hay que recordar que se atribuye a Hércules la liberación de Prometeo, encadenado en el Cáucaso por orden de Zeus. Sabemos que Heracles tenía un culto popular en la Cólquide, actual costa de Georgia, por la arqueología y alguna referencia literaria, como un fragmento del historiador griego Duris (ca. 340-275 a.C.) conservado en los Escolios a las Argonáuticas de Apolonio Rodio: «…los habitantes del Cáucaso no ofrecen sacrificio sólo a Zeus y Atenea porque fueron culpables de castigar a Prometeo. Y adoran especialmente a Heracles porque mató al águila con su dardo».

Los caminos de una a otra Iberia

Los caminos de Hércules van de una a otra Iberia, en búsqueda de los jardines paradisíacos de las manzanas de oro: se dice que Prometeo, agradecido por su liberación del águila que le torturaba, guió a Hércules desde el Cáucaso hasta el jardín edénico de las Hespérides (Apolodoro 2.5.11). El encuentro de Heracles y Prometeo en el Cáucaso recuerda la historia de un gigante afín en la epopeya popular georgiana, Amirani, otro «gigante encadenado» caucasiano que ocupa un espacio ambivalente entre ambos personajes griegos como héroe cultural: Amirani también es engullido por un monstruo marino de la que sale cortando su barriga (como Hércules, según Licofrón), mata a un dragón tremendo y, tras raptar a una doncella de fuego celestial, su castigo fue ser encadenado a la montaña Khvamli, donde un águila le desgarraría el pecho eternamente, como Prometeo. Los griegos conocían estas leyendas locales de la Cólquide, como se ve en la Vida de Apolonio de Tiana (2, 1-3) de Filóstrato, donde se afirma: “cuentan los bárbaros leyendas de esta montaña, haciéndose eco de los poemas griegos sobre ella, afirmando que Prometeo, a causa de su amor por el ser humano, fue atado allí, y que Hércules –otro Hércules, pues no se refiere al tebano–, no pudo soportar el maltrato de Prometeo y disparó al pájaro que devoraba sus entrañas. Algunos dicen que fue atado en una cueva, otros en la cima de una montaña. Los habitantes del Cáucaso consideran al águila un ave hostil, queman sus nidos entre las rocas con flechas ardientes y le ponen trampas, pues afirman que están vengando a Prometeo; su imaginación está dominada por la fábula”.

Algún arqueólogo georgiano ha sugerido que, para la población local de Cólquide, Heracles personificaba a un héroe cultural local y popular, quizá en paralelo a Amirani. Otra versión del mito cuenta que el jardín de las manzanas de oro estaba custodiado por Atlas: se encuentra en varias partes de la geografía mítica, la mayoría de las veces en Occidente, pero también en el país de los hiperbóreos. Aquí, la astucia del héroe consigue las manzanas de oro tras engañar al gigante, como relata Pausanias (5.18.4). No hay que olvidar que estos frutos dorados son altamente simbólicos, como el típico motivo folclórico de los frutos de la inmortalidad, como se ve en cuentos chinos, persas, rusos y celtas, entre muchos otros, en los que aparecen manzanas, melocotones o naranjas. Sin embargo, el oro también era real, más allá de lo que cuentan los mitos sobre las riquezas de estos lugares remotos. Volveremos sobre estos tesoros.

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