El conflicto en Malí, agravado en los últimos años, junto con la restricción migratoria impuesta por Túnez tras acuerdos con la Unión Europea en 2023, ha llevado a miles de malienses a optar por la ruta migratoria hacia Canarias. Este año, por primera vez, Malí se ha convertido en el principal origen de la migración irregular africana hacia España. La situación en el país se ha deteriorado significativamente debido a la intensificación de la guerra, iniciada en 2012 por rebeldes tuaregs y grupos yihadistas. La ofensiva del ejército maliense, con apoyo de la empresa rusa Wagner, ha provocado un aumento en el número de refugiados que huyen hacia Mauritania y otros países vecinos, especialmente por la violencia contra civiles y la expansión del conflicto hacia nuevas regiones.
Cambio en el perfil de los migrantes
El perfil de los migrantes ha cambiado notablemente, pasando de ser predominantemente marroquíes y senegaleses, que migraban por razones económicas, a malienses que huyen de la guerra. Según el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el 96% de los malienses que solicitan asilo en España reciben protección. Esta realidad, afirman expertos, no se resolverá con controles migratorios, sino con la creación de espacios de protección en África, tema que debería ser central en la visita del presidente español Pedro Sánchez a Mauritania, Gambia y Senegal.
Desplazamientos internos y desafíos en África
La guerra en Malí no solo ha generado una ola de refugiados hacia Europa, sino que también ha provocado desplazamientos masivos dentro de África. En julio de 2024, había 13,7 millones de refugiados y desplazados internos en África occidental y central, un aumento del 25% respecto al año anterior. Aunque la llegada de 22.000 personas a Canarias en seis meses supone un desafío para las autoridades locales, esta cifra es pequeña en comparación con la situación en África, donde países como Burkina Faso y Chad albergan millones de desplazados y refugiados.
Túnez y la ruta canaria como alternativa
Los acuerdos de 2023 entre la Unión Europea y Túnez, que incluyen inversiones de más de 1.000 millones de euros, han reducido en un 66% las llegadas de migrantes a Italia en 2024. Sin embargo, esta política ha impulsado la migración hacia Canarias. Túnez ha implementado medidas severas contra los migrantes subsaharianos, incluyendo abusos y expulsiones, lo que ha llevado a muchos malienses a optar por la ruta canaria. Mauritania, que enfrenta dificultades para gestionar este flujo, ha visto aumentar el número de refugiados malienses, con cifras que superan las 200.000 personas. Ante esta situación, las autoridades mauritanas han solicitado un mayor apoyo internacional para reforzar su seguridad y frenar la emigración de sus propios jóvenes, que también están comenzando a utilizar la ruta hacia Canarias.