Imagen: Personas manifestándose en contra de las corridas de toros, a 18 de marzo de 2025, en Ciudad de México. Marío Guzmán / EFE
Una de las ciudades más taurinas de México, Ciudad de México, ha prohibido las corridas de toros con violencia tras una iniciativa ciudadana presentada en septiembre de 2024. La iniciativa contempla que, tras varios minutos de toreo (diez como máximo), el animal debe ser devuelto a su propietario. El dictamen por el que se aprueban las “corridas de toros sin sangre” también prohíbe el uso de picas y espadas durante la corrida, así como la protección de las astas para evitar lesiones en el animal.
Con 61 a favor y uno en contra, los legisladores de la capital mexicana, donde está la Plaza México, el mayor recinto taurino del mundo, avalaron la nueva iniciativa ciudadana que alcanzó más de 27.400 firmas. El dictamen regulará la tauromaquia y está respaldada por la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum.
Las corridas podrán seguir existiendo, pero no podrá ejercerse ningún tipo de violencia contra el animal. El toro no sufrirá lesiones, y tampoco está permitida su muerte ni dentro ni fuera de la plaza.
Ciudad de México se une así al listado de países y ciudades latinoamericanas que han prohibido, o al menos regulado, los espectáculos taurinos. Colombia fue el año pasado el último país en prohibir las corridas de toros con la ley ‘No más Olé’ con un periodo de transición hasta 2027.
¿Podría llegar a España esta medida?
Según un estudio reciente de la Fundación de BBVA, el 77% de los españoles rechaza los toros, el 80% no acepta la caza deportiva y el 84% no ve aceptable la exhibición de los animales en circos. Además, otras actividades en las que se emplea animales merecen incluso mayor reproche social. Por ejemplo, el 86% de los encuestados vetaría las investigaciones con animales destinadas a la producción de cosméticos y el 90% no ve aceptable que sirvan para confeccionar abrigos de piel.
Pese a que una gran parte de la población española rechaza la tauromaquia, la realidad es que solo existe un precedente de “corridas sin sangre”. En 2017, las Islas Baleares aprobaron una ley que prohíbe herir y matar a los toros durante las corridas, permitiendo únicamente el uso de capote y muleta, y limitando la duración de la lidia. El texto también exige seguros para los animales y multas de hasta 100 mil euros si los toros resultan heridos, si asiste algún espectador de menos de 18 años o si se consumen bebidas alcohólicas dentro de la plaza. Sin embargo, en diciembre de 2018, el Tribunal Constitucional anuló los artículos de esta ley argumentando que invadían competencias estatales en materia de Cultura.
En Portugal, desde finales del siglo XIX, y reforzado por una ley en 1928, está prohibido matar al toro durante el espectáculo. Durante la lidia, se utilizan instrumentos como las banderillas, que pueden causar heridas superficiales al animal. Después de la corrida, el toro es devuelto a los corrales y posteriormente enviado al matadero.
En la región de Camarga, al sur de Francia, se practica una modalidad de tauromaquia conocida como “course camarguaise” o “corrida camarguesa”. En este espectáculo, no se inflige daño físico al toro. El objetivo principal es que los “raseteurs” (participantes vestidos de blanco) intenten extraer una serie de cintas o adornos colocados entre los cuernos del toro, demostrando su agilidad y destreza. Esta práctica es considerada una tradición cultural y deportiva, centrada en la habilidad humana sin causar sufrimiento al animal.