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24 Jun 2024
24 Jun 2024
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El arte de saber estar solo

La soledad es tan negativa porque los seres humanos somos importantes y reales en tanto en cuanto lo somos para alguien más

Fotografía de: Dan Musat

No cabe confundir la soledad con estar solo. La soledad es profundamente triste y perniciosa, mientras que saber estar solo es terapéutico, relajante y, si me apuran, necesario. La soledad es estar solo, física, mental y espiritualmente. Tener algo y no saber con quién compartirlo, la soledad te consume por dentro, te va carcomiendo el alma poco a poco. El proceso es lento, casi imperceptible, como una roca diezmada por las continuas olas del mar.

Casi todo el mundo pasa por periodos de soledad y son clave en la vida de cada persona, ya que te forjan o te destruyen, pues no existe el término medio cuando hablamos de la soledad. Una de las consecuencias del auge de las redes sociales ha sido la pérdida de interacción real con las personas. En muchas ocasiones nos limitamos a interactuar con otros perfiles a través de la pantalla, sin saber qué cara tiene esa persona, sin poder mirarla a los ojos ni estrecharle la mano, hasta el punto de que cada vez son más quienes tienen más “amigos” virtuales que reales.

En ocasiones es difícil diferenciar la soledad. Para reconocerla es muy probable que tengas que hundirte en lo más profundo. Suena a cliché, pero a veces la vida no es más que eso, un simple cliché. Suele ser en los momentos de mayor crudeza cuando se purga a la gente que merece y que no merece la pena. La soledad es tan negativa porque acaba con la esencia misma del ser humano. Y es que los seres humanos somos importantes y reales en tanto en cuanto lo somos para alguien más. Son las interacciones humanas las que nos hacen individuos: sin la comunidad somos un animal más, un ser viviente más.

La soledad y el yo

En cambio, aprender a estar solo es la expresión máxima del yo. Como decía el maestro Escohotado, de la piel para dentro mandamos nosotros, o, al menos, deberíamos. Estar solos físicamente nos permite reflexionar, descansar del mundanal ruido que nos rodea en las grandes metrópolis, pensarnos a nosotros mismos. Porque lo más difícil en la vida es conocerse a uno mismo. Saber cómo es uno en realidad es el conocimiento más complejo que existe, pero también el más importante para nuestras vidas porque saber cómo y quiénes somos nos ayudará a tomar las decisiones correctas.

Y aunque el ser humano tenga un miedo innato a la soledad, como es natural, también tiene miedo a estar solo. Necesitamos constantemente la presencia de otra persona para según qué actividades: no nos atrevemos a pasear por el parque solos, no nos atrevemos a viajar solos, a ir al cine solos, o a comer solos, tenemos miedo de que la gente piense que no tenemos a nadie con quién hacerlo. Cuando aprendes y te atreves a estar solo eres verdaderamente libre e, incluso, valoras todavía más la presencia de otras personas, pues disfrutas de la compañía, pero también de ti mismo.

Ahora queda lo más importante: ¿cómo aprendemos a estar solos? Seguramente sea la parte más complicada, aunque como todo el conocimiento práctico, se aprende practicando. Me despido con un mensaje realista, pero también pesimista: posiblemente sean necesarios momentos de soledad para aprender a estar solo.

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