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23 Jul 2024
23 Jul 2024
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El arte de saber observar

Mirar te otorga información, observar te da sabiduría. Además de protagonistas de nuestras vidas a veces también deberíamos ser espectadores de otras

Fotografía de: CNN

Vivimos en el momento de mayores estímulos visuales de la historia, cada vez nos parecemos más a sociedades analfabetas, sociedades que han dejado de escribir y leer para únicamente ver. Ver, pero no observar, la rapidez no precisa de atención. El auge de aplicaciones móviles como TikTok o la evolución de la producción cinematográfica son claros ejemplos de ello.

Existe una gran diferencia entre ver y observar, todo el mundo mira, pero poca gente observa. Mirar es simplemente posicionar tu vista en algo, cualquier cosa, ni si quiera es necesario hacerlo de manera consciente, muchas veces pasamos por un mismo edificio, lo vemos, pero no lo observamos. Observar es algo más, observar conlleva que cuando alejes la mirada de un objeto o una persona hayas aprendido algo, observar es fijarse en los detalles, el hacerse preguntas en silencio.

Las personas ya no despegan las miradas de las pantallas, de hecho, hemos llegado tan lejos que incluso vemos la vida a través de ellas, lo primero que hacemos cuando ocurre algo destacable es sacar el móvil, parece que si no está en nuestro teléfono no lo vimos, nunca ocurrió. Tenemos miedo a dejar solas las imágenes en nuestra mente, miedo a la soledad de los recuerdos.

Paseamos por las ciudades mirando al suelo, pese a que si levantamos la mirada podemos encontrar y conocer otro mundo, el mundo de los detalles. Pongo el ejemplo de Madrid, aunque me valdría cualquier otra ciudad, si paseas por Madrid observando los detalles de los edificios, calles, parques o monumentos encontrarás cosas que jamás imaginarías. Pese a que hay que gente que lleva viviendo toda su vida en una misma ciudad no tiene ni idea de donde vive. La sociedad vive en la pandemia de los viajes, cuanto más lejos mejor, además, la gente se obsesiona con el destino y se olvida del trayecto y de todo lo que implica, lo que es un gran error, porque en él también se puede encontrar la belleza. Cuando se viaja ya nadie mira por la ventanilla, ya nadie observa los paisajes que le rodean y como éstos van cambiando a lo largo del viaje, los viajeros prefieren fijar su vista en las pantallas durante horas, reproduciendo vídeos que parecen no tener fin.

Otro ejemplo son los museos, seamos sinceros, la gente va a los museos conocidos para ver los cuadros, no para observarlos, de un cuadro pasa a otro, no se detiene en mirar los detalles, los cuadros no se pintaron para ser mirados, sino para ser observados, para que cuenten historias, pero para ello los visitantes deben hacer gala de dos grandes virtudes enemigas de la modernidad: la paciencia y la reflexión.

Observar es un arte, como casi todo lo importante en la vida, es una cualidad que se va entrenando con el tiempo y con la práctica. Tal vez necesitemos en nuestras vidas más momentos de pausa, más momentos para observar lo que toda la vida llevamos mirando, para poder, finalmente, conocerlo. Porque para querer observar hace falta curiosidad, y la curiosidad es el paso previo al conocimiento. Mirar te otorga información, observar te da sabiduría. Además de protagonistas de nuestras vidas a veces también deberíamos ser espectadores de otras.

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