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23 Jul 2024
23 Jul 2024
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El porno y el miedo a la libertad

Reconocer tu debilidad nunca fue tan rentable para el gobernante como en la época actual
Aplicación para ver porno

Hoy me disfrazo de Antonio Escohotado, pues de él son, inspiradas o literales, muchas de las frases que veréis, para poner sobre la mesa el debate entre la libertad y la seguridad que estamos viviendo hoy en día.

Vamos a reconocer que, como decía el profesor, a muchos de nosotros no nos gusta que nos manden. Preferimos una autoridad que provenga de la razón, no de la imposición pura y simple. El debate que tenemos hoy en día es el que contrapone la seguridad a la libertad, argumentando que con recortes a la libertad estaremos más seguros. Pareciera que la democracia les parece insuficiente, y buscan aún más consensos, aunque los únicos y más sólidos sean aquellos que te permitan vivir en armonía con tus propias decisiones sin inmiscuirte en las de los demás.

No hay posibilidad de tener la mínima seguridad en nada si no conseguimos que se nos reconozca la libertad de expresión y de asociación. Estos son mínimos entre personas, y yo, como Escohotado, no encuentro excusa alguna para suspenderlos, aplazarlos o reducirlos.

La libertad ha sido varias veces en la historia completamente coartada en nombre de la seguridad. La experiencia nos dice que los grandes muros ideológicos siempre han servido para encerrar, y nunca para proteger. Hoy en día, ya sea en nuestro país, en Europa, o incluso en la cultura occidental, los muros ya no se levantan en Berlín ni en las fronteras, sino en nuestras conciencias. Y frente a los domadores de conciencia, la desobediencia civil se me tercia necesaria.

Y el motivo no es otro, pese a lo que otros piensen, sino que los individuos pedimos libertad porque nos queremos a nosotros mismos. Lo contrario es paternalismo, infantilismo e irresponsabilidad: delegar en un ente superior aquello que no somos capaces de controlar por nosotros mismos. Pensamos que, si tenemos libertad, nos quedamos sin lo único que nos protege.

Esta es la forma en que describimos hoy en día el miedo que sentimos de nosotros mismos: incapaces de admitir responsabilidad. Porque de esto se trata. La libertad no es licencia, sino responsabilidad. Somos libres para poder hacer lo que debemos. Decir sí o no es parte de nuestra experiencia vital. La libertad de la que hemos disfrutado en los últimos tiempos nos ha llevado, como especie, al mayor bienestar. Debemos ser muy cautos al limitar aquello que hemos ganado. Entregar libertades que han sido duramente luchadas solo evidencia la falta de horizonte y solidaridad en lo que respecta a las libertades básicas que deberíamos preservar para el beneficio de las futuras generaciones.

Hoy se está enfocando en la pornografía. Mañana serán aquellos que difunden información de dudosa veracidad, o de baja afinidad con el gobierno. Y en el futuro, ni siquiera necesitarán limitarte, porque ni te darás cuenta de que lo están haciendo. Nadie ataca las libertades confrontando a la mayor parte de la población. Si tuviera que jugar a ganar, tal como hacen los políticos hoy día, sería un necio al querer implantar un cambio de esa índole de manera tan descarada.

Francamente, me importa poco el porno. No es algo que me preocupe si desaparece. De hecho, si tuviera que opinar, diría que está dañando la sexualidad de quienes lo consumen. Pero quien debería protegerte es tu familia, no el Estado. El porno no va a dejar de existir. El Estado no hace casi nada bien, siendo honestos, y esto, mucho menos. Y la objetiva realidad es que el registro de usuarios va a existir. Vas a tener que pedir permiso para entrar a una página web que hoy es pornográfica, pero que mañana podría ser un simple diario en el que asientas tu preferencia ideológica.

Hay gente que no se conforma con dejarte ser, sino que quieren mandar sobre ti. Sienten que deben pasar por encima y, además, tienes que asumir que es por tu bien. No se conforman con controlar, sino que además quieren oírte decir que tienen razón. Ellos deciden cuáles son las ideas correctas, la información adecuada y el tipo de humor que corresponde. Y si no estás de acuerdo, quedarás señalado y registrado.

Controlar la información y la educación lo es todo. No hace falta mirar muy lejos para ver lo que una educación polarizada puede fomentar. Un niño que crece con odio hacia el euskera o el catalán puede potencialmente resultar tan peligroso como aquel que se viste con una ikurriña y abraza el nacionalismo bajo unas siglas innombrables. A lo que quiero llegar, sin entrar en estos temas, es que cuando se te adoctrina de una determinada forma, no te das cuenta de que estás siendo guiado hacia un punto que tú mismo no has elegido y que terminarías por renegar si hubieras tenido cierta perspectiva.

Lo que ocurre con la pornografía lamentablemente pasará con la información. Tendrás que pasar por un aro en cuya elección no has participado, para poder llevar tu vida como consideras oportuno. Pretender que el Estado te eduque por encima de tu familia o de los educadores es otorgar un poder enorme a algo o alguien al cual eres incapaz de controlar.

Terminaría como he comenzado, con una cita de Escohotado que confronta con la absoluta rendición que hemos adoptado ante cualquier debate o riesgo relacionado con nuestra constantemente cambiante percepción de las cosas:

 «Detesto el victimismo y pago sin vacilaciones el peaje de la independencia»

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