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21 Jul 2024
21 Jul 2024
EN VIVO

Los museos como consumo

La manera actual en la que se vive y se interactúa con el arte está más marcada por la inmediatez y el consumo voraz que por la reflexión y el aprecio.

Museo de Bellas Artes de Sevilla/ABC

¿Quién no ha ido alguna vez a algún museo? Desde la escuela han formado parte de nuestra vida, pero es en la juventud cuando comienza a diferenciarse entre tres tipos de personas. Los primeros, los amantes de los museos, como un servidor, aquellos que se sienten como en casa entre los cuadros. Los segundos, los consumistas, a los que les dedicaremos este artículo, aquellos a los que el arte no les apasiona demasiado, pero sienten la necesidad de ir. Los terceros, los insensibles, personas que les parece aburrido disfrutar del arte, posiblemente gente sin civilizar, no pasa nada, seguramente no sea culpa suya, siempre hay tiempo para encarrilarse en la vida.

La voracidad por consumir arte, cuanto más mejor

¿Quiénes son los consumistas? La mayoría de la población, la masa. Actualmente los museos están completamente masificados, las grandes galerías de arte europeas e internacionales se encuentran repletas de gente. ¿Pero realmente les gusta el arte? ¿O van por decir que han ido? Los consumistas no disfrutan de las obras de arte, las consumen, el objetivo es ver la máxima cantidad de cuadros en el menor tiempo posible. Y digo mirar, porque se pueden mirar muchas cosas, pero un cuadro se observa, se interioriza, se piensa. Como si de un restaurante de comida rápida se tratara, comer lo máximo posible en el menor tiempo posible, el objetivo es quedar saciado. Y un cuadro no está concebido para saciarse, el objetivo fundamental del arte es contar, relatar. Y para que un relato sea comprendido requiere tiempo, reflexión, ¿hay alguien que se quede más de cinco minutos mirando un cuadro?

Algo que tampoco ayuda demasiado es la educación de la gente, o más bien la falta de ella, el tono elevado de los visitantes es algo muy común. En los museos debería reinar el silencio y el respeto, si hablas con la persona de tu lado que sea susurrando, no es un mercadillo.

Menos selfie y más reflexión

Recuerdo cuando visité el Museo del Louvre, una maravilla, encontrabas salas completamente vacías con cuadros excelentes, me sorprendí cuando vi una fila de varios metros para ver un cuadro muy pequeño y sobrevalorado, la Gioconda de Leonardo da Vinci. Pasaban centenares de personas cada hora, única y exclusivamente para hacerse una foto con un cuadro a varios metros de distancia. La señora Lisa Gherardini parecía ahogada en la marea de personas de su alrededor, la masa no la dejaba respirar, su rostro se perdía entre los teléfonos y las cabezas hasta casi desaparecer. Había dejado de ser una obra de arte, una historia, se había convertido en un consumible, en una foto para las redes sociales.

¿En qué hemos convertido el arte? ¿Qué dirían los artistas de esos cuadros al ver a la gente devorar su obra de esa manera? Es posible que ya no se hagan cuadros así porque la gente ya no está dispuesta a disfrutarlos. Lo cierto es que cada vez va más gente a los museos, cada año se baten récord de visitantes, pero esto no quiere decir que cada vez haya más gente sensibilizada con el arte, sino que cada vez hay más gente con redes sociales. Es posible que defienda una idea muy romántica de la visita a un museo, pero a veces no queda otra que luchar por causas que ya están perdidas.

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