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13 Jul 2024
13 Jul 2024
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Jueces marcianos

Quién sabe, a lo mejor sí que aceptarías de buen grado que ese magistrado te mandase a prisión porque, quede entre nosotros, fueron los extraterrestres quienes le inspiraron el fallo

¿Confiarías en un juez que creyese en los extraterrestres?

Imagínate que estás sentado en el banquillo y que su señoría, tan serio e imperturbable, ese mismo que va a decidir sobre tu culpabilidad o inocencia, está convencido de que nos visitan los marcianos. No sé si sería muy tranquilizador. Bueno, en realidad mucha gente respetable entiende plausible la existencia de vida en otros planetas, tanto es así que hay una disciplina científica, la exobiología, que se dedica a explorar dicha hipótesis. Sin ir más lejos leía hace poco en este mismo diario Hércules un artículo titulado “Los ovnis llevan siglos infiltrados en la tierra” cuyo autor se hacía eco de una noticia según la cual nos observaban desde tiempo inmemorial alienígenas escondidos en bases secretas diseminadas por nuestro planeta y la luna.

Recuerdo que en mi infancia me fascinaban esas narraciones alucinantes de platillos volantes, hombrecillos verdes y encuentros en la tercera fase. Incluso una vez, asomado a la ventana de mi casa, presencié una extraña luz, más bien una bola de fuego, que se desplazaba a toda velocidad por el cielo despejado que se me extendía ante la vista. Estaba seguro de que era cuestión de tiempo que apareciesen pruebas definitivas que confirmasen mis creencias: naves accidentadas, cadáveres de anatomía monstruosa o, ¿por qué no?, un mensaje de otra civilización. Pasaron los años, los lustros, las décadas, y todo seguía igual: fotos borrosas, testimonios inverificables, muchas palabras y pocos hechos.

Empecé a detectar un patrón epistémico, es decir, unos rasgos que compartían todas estas historias: estaban descritas con un lenguaje fantasioso, preñadas de añagazas publicitarias, sin espíritu crítico, en definitiva, se asemejaban más a la literatura que a la ciencia. No descarto que algún día descubramos que no estamos solos en el cosmos, pero semejante hallazgo vendrá de la mano de la ciencia, no de la superstición. Precisamente el artículo al que me refería antes mostraba todos esos indicios de carnavalesca guardarropía, puesto que, pese a su aparente asepsia, se había fabricado echando mano de trucos retóricos, tales como el uso de expresiones engañosas tendentes a dotarlo de un falso prestigio, hablando de la “universidad”, de “científicos” o incluso invocando el término fetiche “Harvard” para envolver al lector en su aura sugestiva. Con todo, en ningún momento se citaban estudios suficientemente acreditados por la comunidad académica, metodología reproducible por terceros o fuentes de contrastación independientes. En definitiva, que no había manera de corroborar o falsar sus proposiciones, por lo que, siguiendo al filósofo Karl Popper, no merecía ser llamado “científico”. Dicho de una manera más llana, que no había pruebas fiables.

Las conclusiones de los jueces

Los jueces no visten bata, sino toga, pero están obligados a que sus conclusiones se basen exclusivamente en la razón. Es más, sus pronunciamientos han de fundamentarse en “pruebas” que, aunque no sean equiparables por entero a las de las ciencias naturales, sí que deben respetar reglas cuidadosamente establecidas para evitar el error. Sin embargo, algunos creen que, al decidir “en conciencia”, el tribunal se deja arrastrar por su intuición, por un sentimiento personal e intransferible sobre lo que es verdad y sobre lo que no lo es.

Querido lector, recuerda que te había dejado en estrados, frente a un magistrado del que depende tu libertad. Suponte que te condena porque tiene la fuerte impresión de que eres culpable, aunque no sepa rendir cuentas de por qué. ¿Qué te parecería?

Un juez que no atienda solamente las pruebas, no es un juez, es otra cosa, un mago, un hechicero, o un charlatán. Insisto, “solamente”, sin la más mínima condescendencia con cualquier otra consideración, dado que en el proceso judicial no hay sitio para la irracionalidad, como tampoco lo hay en medicina. Voy más allá de la fe en lo paranormal o de las pseudociencias en general, es menester rechazar todas las influencias extrajurídicas, ya sean los sesgos políticos, ideológicos, religiosos o cualesquiera tendencias de nuestra peculiar forma de ser. ¿Qué diríamos de un médico que pretende amputar una pierna al paciente en virtud de una corazonada, sin someterlo a diagnóstico, sin atenerse a los protocolos, sin seguir los criterios contrastados de los expertos? No creo que lo llamásemos médico, sino “curandero” o, más bien en este caso, “carnicero”. Con todo, quién sabe, a lo mejor sí que aceptarías de buen grado que ese magistrado te mandase a prisión porque, quede entre nosotros, fueron los extraterrestres quienes le inspiraron el fallo.

Lo sé de buena tinta.

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