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24 Jun 2024
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1940: cuándo Himmler buscaba reliquias mágicas por España

Aprovechando la conferencia de Hendaya que reunió a Francisco Franco y Adolf Hitler, alguien viajó por nuestro país en busca de una sabiduría perdida y ancestral

La mano derecha del Fuhrer, el líder de las temibles SS alemanas, el fundador de la Ahnenerbe… Henrich Himmer llegó a ser muchas cosas, y todas ellas le validó su fama como una de las personas más temibles del III Reich. Pues de todos, siempre fue el más heterodoxo, el más siniestro y el que siempre estuvo detrás del proyecto esotérico en esa búsqueda del Reich de los mil años. Para todo ello, este mago negro – así es como le veían sus allegados – viajó desde su fortaleza mágica o su Camelot secreto de Webelsburg para hacer un tour peninsular con una misión más oscura de la mera diplomacia política.

El largo camino hacia Madrid

Himmler llega a España en 1940, buscando en nuestro país pruebas de la existencia aria y la presencia de reliquias mágicas. Himmler comenzó a buscar las primeras evidencias encriptadas de esa sabiduría ancestral aria a lo largo de nuestro país en Euskadi, la puerta desde esa frontera con Francia. Todo comenzaría en Donostia, en un intento de hacer ver a la población vasca, su lengua y su carácter, como un síntoma ario a consecuencia de las diferencias culturales con el resto peninsular. Pero la mística comenzaría con su empeño por visitar la ciudad de Burgos y su excelsa catedral gótica. Es bien sabido que los nazis no eran cristianos, que lo rechazaban en pos de sustituir en Alemania esta religión por otra de orígenes paganos anterior a la fe de Cristo y vinculada con los tiempos celto-germánicos. No obstante, recibió al prior del monasterio de la Cartuja y quiso honrar la tumba de Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como el Cid Campeador por la épica castellana, en recuerdo de este personaje y sus hazañas. Finalmente, llegó a la capital española, para ser hospedado en el hotel Ritz. Pero más allá de organizarle fiestas en el Casino e incluso corridas de toros en Las Ventas, Himmler estaba interesado en aprovechar su estancia para visitar otros lugares, acorde a sus gustos históricos y aspiraciones ocultistas, como visitar el Museo Nacional del Prado o el MAN; es decir, el Museo Arqueológico Nacional y su colección de restos celtas y visigodos que guardan especial relación con la antigua historia de Alemania. De ahí también su interés por el yacimiento arqueológico de Castiltierra.

Ejes griálicos del mundo

Posteriormente, Himmler y su guardia negra decidieron acudir a tres lugares históricos por antonomasia de nuestra tierra, lugares donde el umbral de lo sagrado se presenta en su máximo apogeo: Estamos hablando del espectacular Monasterio del Escorial en el Sistema Central, de la muy noble y simbólica ciudad de Toledo a orillas del Tajo y de la misteriosa abadía de Monserrat en Barcelona. Y todos ellos precisamente están estrechamente relacionados con la fuerza simbólica de la búsqueda del Santo Grial.

El primero de ellos, fue visitado para honrar la tumba de Primo de Rivera, fundador de la Falange, así como cada año hacía para honrar la tumba de Enrique I, fundador del I Reich. Además, este monumento del hijo de Carlos V funcionaría como un axis mundi, un lugar donde se comunican las energías astrales e infernales y que además guarda una biblioteca salomónica con saberes esotéricos que no llegaría a consultar.

En cuanto al segundo, fue visitado para observar de cerca las ruinas del Alcázar. La que fuera la fortaleza levantada en el siglo XVI por el emperador Carlos – nexo imperial entre españoles y alemanes – fue destruida durante un asedio durante la Guerra Civil; habiéndose convertido en un símbolo de resistencia por parte del régimen. Además, se dice que en Toledo estuvo la heterodoxa y siempre enigmática Orden del Temple en busca del lapis exilis; la piedra sagrada que según la tradición hermética llegó a Toledo en la forma de la Mesa del Rey Salomón.

Y por último, la abadía de Montserrat fue visitada precisamente para saber más o hacerse con el Santo Grial Nunca la encontraron, pues los monjes desconocían dicha teoría y le negaron el acceso a la biblioteca. Además, Himmler se negó realizar el beso tradicional a la virgen negra del cenobio. La razón por lo que estaba convencido de que en aquel lugar hallaría evidencias sobre el santo cáliz, tiene que ver con las épicas óperas de Richard Wagner y los estudios del medievalista Otto Rahn, que vinculaban el nombre y ubicación de la abadía con el héroe artúrico Parsifal y la patria espiritual de Muntsalvat; oculta en un lugar de la cordillera pirenaica para los aspirantes del espíritu ario.

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