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24 Jun 2024
24 Jun 2024
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Las aves monstruosas y las campanillas: el sexto trabajo de Hércules

El sexto trabajo de Hércules consistió en dar muerte a unas aves monstruosas y devoradoras de carne humana que asolaban las inmediaciones del lago Estínfalo, situado en el Peloponeso, en el mismo ámbito de la Argólida donde tienen lugar otros trabajos del héroe

El sexto trabajo de Hércules consistió en dar muerte a unas aves monstruosas y devoradoras de carne humana que asolaban las inmediaciones del lago Estínfalo, situado en el Peloponeso, en el mismo ámbito de la Argólida donde tienen lugar otros trabajos del héroe. Actualmente la ciudad griega moderna de Stinfalia nos recuerda este lugar que aparece desde época arcaica en nuestras fuentes. Las aves que se posaban en torno a los árboles de este lago eran monstruosas, de tamaño descomunal y tenían el pico, las garras y otras partes de su cuerpo, como ciertas plumas, hechas de metal. Encarna ese tipo de ave con piezas de metal monstruo que aparece en varias mitologías y en los cuentos de muchas latitudes diversas. Por cierto que seguramente sus partes metálicas estaban hechas del bronce típico de la época heroica griega en la que desarrollan sus hazañas los héroes de Homero (y también nuestro héroe Hércules). Estas aves diezmaban el ganado de los lugareños y también devoraban a muchos de los incautos que se acercaban al lago maldito. Ya sabemos que las aguas estancadas, frente a los ríos, siempre son pasos al más allá y lugares peligrosos poblados de monstruos y de hadas, desde el lago Ness a las lagunas de donde salen las misteriosas damas artúricas.

En ese trabajo, una vez más, Hércules, queda retratado, no como un héroe forzudo y descerebrado, sino más bien como un hábil cazador de criaturas extraordinarias. Los pájaros de plumaje y partes metálicas eran casi inexpugnables y no se podían vencer tan fácilmente, a lo que se suma que quedaban ocultos entre los bosques consagrados a Ártemis, que era la diosa que patrocinaba las bestias más terribles. Criados por esta, o más bien por Ares, estos pájaros antropófagos se ocultaban en los bosques cuando los cazadores intentaban dispararles desde lejos flechas o lanzas para escapar de sus mortíferos picos broncíneos. Entonces obligaban a los cazadores y soldados a acercarse a sus nidos, atravesando el pantano, lleno de peligros y arenas movedizas, en las que se hundían por el peso de sus armas. Luego eran devorados… Así le hubiera ocurrido también a Hércules, pero gracias a un ardid inspirado por la diosa Atenea, pudo espantar a las aves para que remontaran  el vuelo y, en ese momento, como pinta Durero, asaetearlas de forma inmisericorde.

En efecto, la diosa Atenea, auxiliar de héroes por excelencia (que había prestado apoyo según Homero a héroes tan notables como Aquiles o a Ulises), entregó a Hércules para este trabajo una especie de instrumento de percusión, llamado crótalo, que funcionaba como unas castañuelas o una suerte de sonajero. Los crótalos mágicos de Atenea, hechos también de bronce sobrenatural, hacían un ruido tremendo. Este estruendo hizo que las aves, asustadas y desconcertadas pese a su fiereza, abandonaran su refugio arbóreo y emprendieran un vuelo en desbandada, que aprovechó el héroe para acribillarlas.

En los cuentos y en el folklore hay muchos héroes a los que se entrega ese tipo de instrumentos musicales mágicos para hacer frente a todo tipo de peligros. Normalmente son más comunes la flauta, la lira o el violín, entre otros instrumentos de cuerda, a cuyo son los malvados y los enemigos del héroe bailan como por encantamiento. No está de más recordar historias como las del flautista de Hamelin o el libreto de la flauta mágica de Mozart, donde el príncipe Tamino recibe la flauta mágica, pero su auxiliar Papageno recibe un Glockenspiel, un juego de campanas muy parecido a los crótalos de Hércules, con el que logra que sus enemigos queden confundidos.

Por tanto, aquí de nuevo vemos en el mito la interferencia del cuento maravilloso, con temas que están en la narrativa patrimonial de todos los tiempos. Ni que decir tiene que Hércules triunfó de estas aves y que las pocas que quedaron escaparon volando y nunca volvieron a molestar a los campesinos de la zona. Como prueba de su sexto trabajo, Hércules llevó los cadáveres de alguno de esos pájaros a Euristeo. Otras leyendas cuentan que los pájaros se fueron lejos y acabaron más allá del Mar Negro, donde los argonautas se los encontraron. Es sugerente pensar en la contaminación entre estos pájaros y otros de leyenda como el ave fénix o el roc de los cuentos árabes. Pero esa es otra larga historia…

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